La Crisis del PAN
Viernes 13 de enero de 2012
PARA EL LIBRO Crisis de las instituciones políticas,
Coordinado por Angélica Cuellar
La Crisis del PAN
Francisco José Paoli Bolio
1.- El PAN como institución, en el Sistema de Partidos (SdP).
En este ensayo trataré la distintas crisis por las que ha atravesado el Partido Acción Nacional (PAN) como institución política. La última parte del análisis se refiere al de los dos últimos presidentes de la República emanados de ese Partido: Vicente Fox (2000-2006) y Felipe Calderón (2006-2010 ). Sin embargo, la crisis más reciente que se registra se entiende mejor si se tienen en cuenta antecedentes significativos de la vida de ese partido en las cuatro etapas anteriores, a partir de su fundación en 1939. Tal es la razón para plantear, esquemáticamente, la operación del PAN en cuatro etapas, antes de revisar lo ocurrido con la organización política durante la última década: 2000-2010, destacando los que han sido los momentos más difíciles de la institución.
No estudiaré al PAN en forma aislada o concentrándome exclusivamente en ese Partido, sino lo haré en el contexto político mexicano y, específicamente, inserto en el sistema de partidos con los que interactuó, porque considero que un partido no se define solamente por su vida interior y por las acciones que realiza, sino en buena medida por el contexto político en el que surge y se desenvuelve, y por la interacción que tiene con otras organizaciones sociales, políticas y con el Estado.
Las instituciones tienen dos componentes, una idea y una estructura, esto es, un elemento simbólico que nos deja conocer su sentido, y otro material que hace posible la realización de la idea. El análisis de ambos componentes institucionales nos permite saber algo sobre la viabilidad que tienen, y su significación para la sociedad en la que actúa. En el proceso de institucionalización se crean, establecen y perduran por un tiempo prolongado, normas que regulan las relaciones entre los individuos y los grupos humanos en torno de un objeto. Esas normas crean procedimientos y formas por las que esas relaciones deben conducirse. Por otra parte, las normas que guían a las instituciones tienen dos dimensiones, una endógena que trata de los comportamientos que sus miembros deben seguir y su organización interna dentro de la cual quedan establecidas las facultades de los órganos del partido; la otra, exógena, establece las formas de relación entre ellas con otras instituciones de la sociedad y del Estado.
Cada día más, a partir de la II Guerra Mundial (1939-1945), los partidos son analizados también en sus vínculos o afinidades con otros a nivel internacional. Los comunistas y socialistas se empezaron a organizar internacionalmente desde fines del siglo XIX. Los partidos católicos, democristianos y liberales, intensifican sus vínculos internacionales sobre todo a partir de que concluye la segunda gran guerra a mediados del siglo XX. Las corrientes internacionales mayores de partidos, son la comunista, la socialdemócrata, la democristiana y la liberal. En la segunda mitad del siglo XX se forma la corriente de los partidos verdes.
En México, por definición del artículo 41 de la Constitución Política, los partidos son entidades de interés público previstas para organizar conjuntos de ciudadanos, los cuales pueden competir por el poder, alcanzarlo y mantenerlo. Los partidos son hasta la primera década del siglo veintiuno, instrumentos indispensables para el funcionamiento de una democracia representativa, en la que periódicamente se ponen a consulta de la ciudadanía las distintas posiciones de diversos poderes legalmente establecidos. Cuando no logran estos propósitos o los logran escasamente, entran en crisis de diverso tipo. Las hay precipitantes o definitivas, porque resultan en la desaparición o erosión institucional sustantiva. También pueden presentarse crisis menores de tipo político, legal, o de ambos tipos a la vez. Uno de los aspectos de la crisis por la que atraviesan los partidos políticos, es que empiezan a ser sustituidos en las tareas que tradicionalmente realizaban en forma más o menos exclusiva: la mediación entre la sociedad y el Estado. De un tiempo para acá han proliferado organizaciones sociales representativas de grupos y reivindicativas de sus intereses, que plantean estos ante el Estado y reciben respuestas a sus problemas. Los partidos ya no tienen el monopolio de esa intermediación y eso los hace verse como menos representativos de la sociedad en los órganos de gobierno o parlamentarios.
Las crisis legales pueden alcanzar una graduación distinta si violan la Constitución, que si se apartan de ordenamientos de menor jerarquía como las leyes o los reglamentos. Si violan o no respetan la Constitución, pueden ser sancionados con la pérdida del registro y por ello quedar sin capacidad jurídica para ejercer los derechos que la ley les confiere, ni asumir obligaciones y cumplir con su objeto. Esto último también puede ocurrir si violan sistemáticamente las leyes.
Las crisis también pueden ser políticas y se dan frecuentemente por divisiones internas o por pérdida amplia de posiciones. Pueden ser que estas crisis no sean definitivas y los partidos logren reimplantarse en la sociedad, volver a fortalecerse en procesos electorales subsiguientes a los que generaron sus problemas, o bien por alianzas o coaliciones que les permitan crecer en fuerza y lograr nuevos apoyos. Los partidos reciben también estímulos creados por el Estado a través de reformas legales; con ellas logran un mayor impulso cuando recuperan el apoyo de la ciudadanía que le vuelve a otorgar votaciones amplias, y por ellas, acceso a un número mayor de posiciones.
La ciudadanía no sólo aporta votos a los partidos y sus candidatos, sino trabajo, recursos económicos y prestigio con sus opiniones favorables, cada vez más ampliamente registradas en encuestas y sondeos de opinión. También ocurre que la legislación y los reglamentos, les ponen a los partidos dificultades para su desarrollo y los pueden llevar, a crisis considerables.
En las crisis de los partidos frecuentemente se entrelazan elementos de tipo político y económico con los legales. La combinación de estos elementos nos permite entender mejor diversos aspectos como son su implantación en la sociedad y también el rechazo que la sociedad les hace a través del voto, la abstención o el voto por partidos distintos.
La sociedad plural habla de sí misma a través de los partidos que reconoce, construye, encumbra y también rechaza, o incluso destruye con la piqueta de su participación o de su abstención.
2.- Las crisis de los partidos en nuestro país.
En los últimos tiempos en México y en otros muchos países, se ha venido planteando una crisis de los partidos. Esta crisis se expresa de distintas formas, siendo la principal a mi juicio, cuando no son capaces de cumplir adecuadamente en la integración de la representación nacional, para que esta sea realmente tal y opere con legitimidad. Particularmente aquellos partidos que no han conseguido afirmar sus formas institucionales de conducción y operación, tienen mayores riesgos de caer en divisiones que los debilitan o no los fortalecen para que se mantengan en la arena de las contiendas electorales.
Las crisis de los partidos tienen diversas características, atendiendo a sus formas de organización, ideologías y liderazgos que declinan o llevan a divisiones internas. Los partidos tienen formas de organización más o menos complejas, órganos deliberativos y directivos de diverso tamaño y facultades distintas. Los partidos experimentan crisis de liderazgo y por no atenerse a procedimientos democráticos. También entran en problemas mayores, cuando no logran ajustarse a la cultura política dominante en la sociedad. Soledad Loaeza lo expresa en relación con la historia política mexicana, en un reciente trabajo sobre el PAN, de manera muy plástica:
“El resultado de las transformaciones de la cultura política es un esfuerzo ideológico complejo y cambiante, en el que los perfiles de las identidades políticas se sobreponen, como siluetas en una fotografía fuera de foco.”
También hay crisis en los partidos caracterizados como más acentuadamente doctrinarios, cuando llegan a decisiones con criterios absolutamente pragmáticos sin soporte en los principios que dicen sostener. Ese parece ser uno de los problemas que ha confrontado el PAN en diversos momentos, especialmente en los últimos tiempos de alianzas calificadas como “contranaturales” o imposibles de admitir desde una perspectiva meramente ideológica.
Para entender a los partidos en interacción, debemos tomar en cuenta su historia, desenvolvimiento, las crisis que han experimentado y cómo han salido de ellas. El elemento explicativo mayor del sistema de partidos, está en su relación con el conjunto de la sociedad y su apoyo en la cultura política dominante.
En nuestro país los partidos desaparecen legalmente cuando pierden el registro por no lograr el 2% de la votación nacional que la ley exige . Son indispensables hasta ahora para el funcionamiento de una democracia representativa, en la que periódicamente se ponen a consulta de la ciudadanía las distintas posiciones de diversos poderes.
3.- Las etapas del PAN.
Las crisis de los partidos se inscriben en el marco del acontecer político mayor del sistema político. A veces pueden ser atribuidas a los problemas por los que atraviesa la nación o el Estado nacional; o bien a las vicisitudes por las que pasa la organización internacional a la que pertenece un partido, o con la que se identifica . Este último es un elemento cada día más relevante, en virtud del proceso de globalización.
He dividido en cinco etapas o períodos, la existencia del PAN, atendiendo primariamente a la circunstancia política del país. La acción de los diversos actores ha sido dominada por las decisiones del Partido de la Revolución en sus diversos momentos y denominaciones: PNR-PRM-PRI. Esas decisiones durante un tiempo largo que va de de Plutarco Elías Calles a Carlos Salinas de Gortari, fueron controladas por el presidente de la República. El Partido Nacional Revolucionario (PNR) fue fundado tras la convocatoria que hizo el presidente Calles en su último Informe de Gobierno en septiembre de 1928. Después, durante una etapa que se ha llamado “maximato”, por haber dirigido la acción política del PNR el propio Calles convertido en “Jefe Máximo de la Revolución” como se le motejó hasta 1935 en que soberviene su ruptura con el presidente Lázaro Cárdenas. Entonces el primer mandatario asume la dirigencia real del Partido, su organización y, desde luego, el nombramiento de sus dirigentes aparentes, en la expresión de don Daniel Cosío Villegas .
3.1 La primera etapa corre de 1939 a 1952, parte de la fundación del Partido Acción Nacional y concluye con la primera campaña presidencial en la que el PAN participa con candidato propio, don Efraín González Luna .
El PAN nace en la agitada sucesión presidencial del general Lázaro Cárdenas, cuando ya ha surgido y está en curso la promoción de la candidatura del general Juan Andrew Almazán. Este último personaje ha generado una división entre las fuerzas posrevolucionarias, que se confrontan. El partido blanquiazul realiza una gran discusión en el momento mismo de su fundación, sobre si participaba o no en ese proceso electoral que ya se había iniciado, con varias alternativas: candidato propio donde se menciona por primera vez a don Efraín González Luna como posible candidato; o bien, apoyando la candidatura del general Almazán. La decisión fue fortalecer al partido recién creado, extender su organización a todo el país para dar una lucha moral contra el autoritarismo del régimen y dejar a sus integrantes en libertad para participar en el movimiento almazanista o no hacerlo. Un buen número de ellos se compromete con el almazanismo, lo que impide su dedicación a la organización del PAN. El problema de la participación o no en los procesos electorales es una de las decisiones que producen severas crisis en ese Partido.
Un año antes de la fundación del PAN, el Partido de la Revolución se había transformado adoptando las siglas PRM. Se crea entonces el sector militar, con lo que se busca que los miembros del ejército, hicieran política dentro de la organización política y no con las armas o amenazas de movimientos armados. El PRM también recibe y asume abiertamente las tendencias socialistas entre los obreros y la inclinación a desarrollar la organización colectivista en el campo. El peso político mayor en el partido se otorga a los obreros y a los campesinos lo que explica que adopte el lema “Por una democracia de trabajadores”. Esta caracterización del partido oficial, conduce en alguna medida a las clases medias a inclinarse por una organización política que los representara a ellos. El empresariado por su parte, era débil y temeroso, por lo que no apoya en términos generales y de manera abierta la formación del PAN, si bien hace llegar recursos de manera discreta a través de dirigentes del partido en ciernes: don Manuel Gómez Morin empieza a recorrer el país para proponer a diversos grupos la formación del nuevo partido .
A nivel internacional, los partidos comunistas, socialistas y democráticos, forman el Frente Popular durante la II Guerra Mundial, que es visto por ellos y los países que gobiernan, como una alianza temporal, para combatir y detener a las potencias que se agrupan en el Eje nazi-fascista, integrado por Alemania, Italia y Japón. España gobernada por el dictador Francisco Franco, también es un aliado del Eje, aunque no participa sustantivamente en los actos bélicos, mandando como apoyo solamente al llamado “batallón azul”, como pequeño signo de colaboración. El gobierno de Cárdenas rompe con la España franquista y recibe a los republicanos y su gobierno en el exilio. El PAN inscribe en sus filas a simpatizantes del franquismo, aunque sus tesis doctrinales se afilian a una perspectiva demoliberal y se inspiran en la doctrina social de la Iglesia católica. En cuanto a corrientes internacionales, tiene contactos y se identifica con la internacional demócrata cristiana, aunque no se afilia formalmente a ella. El PAN es un partido que se organiza antes del crecimiento importante de los partidos democristianos en Europa y América Latina, inspirados en las encíclicas papales .
El PAN nace como un partido claramente doctrinario, a diferencia del Partido Nacional Revolucionario que se organizó fundamentalmente de manera pragmática, desde el Estado y con recursos de éste . El PNR es en realidad en un primer momento no un partido sino una confederación de partidos regionales y locales que se va cohesionando poco a poco. Los Principios de Doctrina del PAN, aprobados en las sesiones de su Asamblea fundacional que tiene lugar los días 15 y 16 de septiembre de 1939, dan clara idea de esta condición. El principal principio de doctrina que aporta el PAN, es el colocado en el número uno de ese documento y es precisamente la concepción de nación. Tal vez no es el principal, en sentido estrictamente doctrinal, que me parece lo es el 2° principio, persona, aunque éste había sido definido ampliamente por la doctrina social de la Iglesia Católica, que establece la defensa de la persona, su vida y sus derechos. Pero la concepción y defensa de la nación como conjunto cultural y político, es una aportación fundamental del PAN a la cultura política mexicana de ese tiempo; también lo identifica sutilmente con los movimientos conservadores que descansan en la tradición de las naciones hispanoamericanas. El primer principio reza:
“La Nación es una realidad viva, con tradición propia varias veces secular, con unidad que supera toda división en parcialidades, clases o grupos, y con un claro destino.
“El interés nacional es preeminente; todos los intereses parciales derivan de él o en él concurren. No pueden subsistir ni perfeccionarse los valores humanos si se agota o decae la colectividad, ni ésta puede vivir si se niegan los valores personales.
“La vida de la Nación, el cumplimiento de su destino, la posibilidad de crear y mantener en ella condiciones espirituales y físicas adecuadas para una convivencia civilizada y noble, son incompatibles con el establecimiento o conservación de un estado social desordenado o injusto, como lo sería fatalmente el que parta de toda negación de la dignidad de la persona humana o de la proclamación de una necesaria división violenta de la unidad nacional por la lucha de clases, castas o parcialidades.
“Cuanto vigorice la unidad nacional, acendre y fortalezca los valores tradicionales que dan forma y sentido a la Nación, y coordine y jerarquice justamente los intereses parciales en el interés nacional, debe tener el apoyo pleno de la colectividad y de sus órganos. Cuanto conspire a romper esa unidad, a deformar su carácter o a desquiciar esos intereses, ha de ser rechazado y combatido por todos.
“El desarrollo interno de México, su verdadera independencia y su colaboración eficaz en la comunidad internacional, dependen fundamentalmente de una celosa conservación de la peculiar personalidad que nuestra nación tiene como pueblo iberoamericano, producto de unificación racial y ligado esencialmente a la gran comunidad de historia y de cultura que forman las Naciones Hispánicas.”
Esta concepción de la nación que es cultural, hispanista y solidarista, contrasta con la idea que hay entre los miembros y dirigentes del partido oficial, que considera que la nación como un conjunto relativamente inconexo de personas y grupos que debe ser debe ser integrado, articulado y conducido por el Estado .
Como puede verse, la definición panista original de nación y la defensa de los intereses nacionales incluye la protección de la persona y su dignidad eminente. Con este primer principio, que es también ampliamente orientador de sus programas, se pronuncia contra el corporativismo del Estado posrevolucionario que defiende parcialidades por encima de los intereses generales de la Nación (escrita con capital mayúscula en el documento original), rechaza la lucha de clases que sostiene la izquierda y en forma destacada el régimen cardenista al final del cual nace el PAN.
La segunda ocasión en que se dan elecciones presidenciales en las que pudo participar Acción Nacional, para suceder al general Manuel Ávila Camacho (1946), hay la iniciativa de apoyar a un dirigente que se había caracterizado por sus críticas severas al régimen encabezado por Cárdenas: don Luis Cabrera. Este personaje había sido un gran analista del ámbito rural, formidable orador parlamentario y dirigente político jefe de la fracción maderista en el Congreso. Cabrera se había enfrentado a la dictadura del general Victoriano Huerta, y después, fue el influyente Secretario de Hacienda del gobierno de Venustiano Carranza y, por último, un notable opositor al cardenismo y su política agraria y corporativa. Cabrera no aceptó la candidatura presidencial por encontrarse en condiciones precarias de salud, aunque dijo que esa propuesta lo había honrado mucho. El PAN dejó clara seña de que no tenía un candidato propio con fuerza suficiente para desarrollar una campaña presidencial decorosa y quiso atraer a toda la oposición al régimen de la revolución, trepando a la cresta de la ola opositora y fortaleciéndose como fuerza política. La jugada no le salió y se quedó sin participar en esa campaña presidencial. También quedó claramente de manifiesto que el PAN era un partido pequeño, débil, con planteamientos morales atractivos para muchos católicos, que buscaba moralizar al país, pero que no tenía condiciones, ni internas ni externas, para aspirar al poder. Sus adversarios acentuaron la influencia franquista, aunque ciertamente hubo núcleos de dirigentes y miembros de PAN que admiraban las posiciones del gobierno español y hasta cantaban el himno de la Falange. Sus dudas sobre la participación en el proceso electoral no son solamente como han planteado algunos analistas, porque consideraban la tarea de formación de ciudadanía y de conciencia cívica, sino porque tenía una debilidad notable para entrar a esos procesos.
La candidatura triunfante del licenciado Miguel Alemán Valdés, representó otro factor que mantuvo al PAN en la marginalidad y sin posibilidades de crecer ampliamente como fuerza política. Las razones más significativas, fueron que con Alemán se “civilizaba” al país que venía de una larga etapa militarista; el autoritarismo del régimen en gran medida se debía a que era conducido con la lógica castrense que es vertical y autoritaria y no deja paso a la lógica ciudadana y democrática propuesta por el PAN. El gobierno de la revolución inicia un proceso a través del cual va alojando en los principales puestos políticos a civiles, y va desplazando paralelamente a los militares. Lo anterior, sin abandonar las reglas de comportamiento castrense, que son autoritarias por definición, pero asimilándolas al sistema político y más específicamente al “partido oficial”, en el que las decisiones las toma el presidente, sin deliberación pública y sin derecho a que otros dirigentes se opongan. Las diferencias políticas sólo se expresan como rupturas, que generan las candidaturas independientes, como fueron las de Vasconcelos, Almazán, Henriquez Guzmán . Además el presidencialismo se va arraigando vigorosamente y completa el proceso de articulación del sistema político.
La inspiración socialista de la política económica y social cardenista, se va frenando paulatinamente durante el período presidencial de Manuel Ávila Camacho (1940-1946), y cancelando en el siguiente de Miguel Alemán (1946-1952), para hacerse cada vez más una propuesta capitalista modernizadora, vinculada a la de los Estados Unidos. Esta modificación de la orientación oficial penetra incluso en las organizaciones obreras que se transforman imitando a las norteamericanas y eliminando la orientación socialista (“por una democracia de los trabajadores”) que se le había dado a la Confederación de Trabajadores de México (CTM) , encabezada por el dirigente marxista, Vicente Lombardo Toledano. Este viraje modernizador y procapitalista del régimen, representó una condición muy negativa para el desarrollo del PAN, que se mantuvo como un partido pequeño, y sólo obtuvo unos cuantos triunfos aislados a nivel municipal y unas cuantas bancas en la Cámara de Diputados.
Otro factor que explica la debilidad del PAN por una larga etapa, fue que la dirigencia del partido, tenía puestas sus expectativas, no sólo la captación de muchos católicos, sino en la incorporación de un número amplio de empresarios, totalmente reacios a los planteamientos socializantes. Cuando el general Ávila Camacho pone freno a las tendencias socialistas y se declara “creyente” reforzando una política de entendimiento con la Iglesia Católica , se priva al PAN de elementos a los que quería oponerse para ganar terreno. Además, el régimen propone la libre empresa y la economía mixta como sus orientaciones económicas principales, el PAN no encuentra espacio programático para convertirse en una fuerza política importante en el país. Su único camino es entonces la alternativa democrática, como un partido de ciudadanos, que se contrapone a una organización política de corporaciones afiliadas automáticamente al partido oficial. El proceso de industrialización y modernización lanzado agresivamente por el presidente Alemán, su nombramiento como “mister amigo” por los Estados Unidos, el fortalecimiento de la clase empresarial ligada al régimen y su partido, dejan al PAN sin posibilidades de crecimiento sustantivo. El PAN por un largo período, apenas logró algunos apoyos de pequeños comerciantes, pero no los de los grandes empresarios “que encabezaban a las organizaciones patronales radicales, como las del noroeste del país”, como lo muestra muy claramente la investigadora Tania Hernández Vicencio .
En este período se inscribe el proceso de “confesionalización” del PAN, como lo llama la más destacada estudiosa del PAN, Soledad Loaeza Tovar. Este proceso se pronuncia en 1949 después de los primeros diez años de existencia del Partido, presidido por Manuel Gómez Morin , y tiene seis presidentes que venían de dirigir organizaciones católicas oficiales, que seguían militando en ellas, aún durante sus mandatos como presidentes panistas.
3.2 La segunda etapa: de 1952 a 1968.
Es el período en el que se logró entrar en un proceso de crecimiento económico sostenido que se conoce como el “milagro mexicano”: el crecimiento del PIB alcanza por un buen número de años el 10% y en un período de tres décadas un crecimiento promedio del 6% anual. Superada la violencia posrevolucionaria, el Estado mexicano se va civilizando y mostrando una capacidad suficiente para atender las necesidades de la mayoría de la población. Sus relaciones con Estados Unidos, entran en un período de estabilidad y concordia, después de las crisis que estas tienen por la expropiación petrolera, el reparto agrario y las posiciones socializantes del partido oficial. A nivel internacional México se caracteriza como un país exitoso, sin problemas sociales, económicos o políticos fundamentales, por lo cual se le considera para ser la sede de los juegos olímpicos.
El partido blanquiazul tiene en 1952 su primer candidato a la presidencia, Efraín González Luna (EGL), que se inscribió para competir con Adolfo Ruiz Cortines del PRI, Vicente Lombardo Toledano, del Partido Popular (que en 1960 adoptaría un nuevo calificativo, Socialista, por lo que sus siglas fueron PPS), y el general Miguel Henríquez Guzmán. Este último provocó otra división amplia del sector oficial, aunque no tan grave como las del vasconcelismo y del almazanismo. El PAN hizo un gran esfuerzo en esa primera campaña en la que se inauguró en la competencia por el poder presidencial; de acuerdo con los datos oficiales, González Luna alcanzó el tercer lugar, con una votación de poco más de 385 mil votos (7.82%), la mitad de la que obtuvo Henríquez Guzmán que fue reconocida como de casi el 16%. El candidato oficial, alcanzó casi tres cuartas parte de la votación (74.31%) y Lombardo Toledano ni siquiera logró el 2% de los sufragios (1.98%).
A pesar de llegar en un lejano tercer lugar, la candidatura de EGL dejó una huella profunda en planteamientos doctrinarios y programáticos y por el impulso de su candidatura se amplió notablemente la implantación del partido en la República. La candidatura de González Luna fue apoyada por la Unión Nacional Sinarquista (UNS), que era una fuerza conservadora, anti-cardenista, anti-agrarista y muy cercana a la jerarquía católica . Los sinarquistas se habían mantenido como un movimiento social de bases populares, que no se identificaba con el PAN al que veían como el partido de las clases medias, sino más bien con el movimiento católico falangista español. Cuando el socialcristiano González Luna, que había sido discípulo del gran líder místico de la cristiada, nominado candidato presidencial, los sinarquistas decidieron apoyar esa candidatura.
El proceso de industrialización que se intensifica durante el período de Alemán continúa avanzando durante el período presidencial de Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958).
En la segunda ocasión que el PAN participa con candidato propio a la presidencia de la República, que ocurre en el año de 1958, el candidato es Luis H. Álvarez, un empresario mediano chihuahuense, paisano de Gómez Morin, que había sido candidato a gobernador de su estado. Los oradores principales del candidato presidencial fueron Manuel Rodríguez Lapuente y Hugo Gutiérrez Vega, que ya se habían comprometido a transformar al PAN en un partido demócrata cristiano y adherirlo a esa organización partidaria internacional . Álvarez compitió con Adolfo López Mateos del PRI, cuya candidatura fue apoyada por el PPS de Lombardo y el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM). Durante este período, se forma un conjunto de partidos que puede caracterizarse siguiendo la tesis de Giovanni Sartori como sistema de partido dominante . Es decir, el SdP en esta etapa no es competitivo y, dentro de ese esquema, el PAN venía en un segundo lugar muy lejos del PRI. Los otros dos partidos que formaban el sistema fueron el PPS y el PARM . El otorgamiento del registro de esos dos últimos partidos, fue una forma de control y cooptación que montó el gobierno, para evitar conflictos y captar disidencias. En la segunda mitad de los años sesenta esos partidos eran identificados por la opinión pública y caracterizados por la prensa como paraestatales, es decir como manejados por el Estado, de la misma forma en que manejaba otras entidades públicas. El apoyo del PPS y del PARM al candidato presidencial priista, se reiteró en las siguientes cuatro siguientes campañas presidenciales , es decir fue un patrón seguido en el SdP por tres décadas, mientras los candidatos del PAN fueron solos a la contienda.
La tendencia abstencionista dentro del PAN se mantiene latente en este período, aunque la mayoría de los miembros, se convierte al participacionismo electoral. El partido del sistema que era considerado genuino era el PAN, aunque también la formación albiazul era mantenida a raya, mediante el fraude constante, las acciones del oficialismo que realizaban para escamotear los de triunfos electorales, usando también la cooptación o corrupción de algunos de los dirigentes panistas. En este período se registran movimientos sociales independientes y contestatarios del régimen, en el medio campesino, obrero, profesional y estudiantil. Hay que recordar conflictos con importantes con ejidatarios, mineros, ferrocarrileros, maestros normalistas y médicos. Como un punto aparte hay que tener presentes los movimientos estudiantiles de la segunda mitad de la década de los sesenta, especialmente el estudiantil-popular de 1968, por ser precursor de la transición a la democracia.
Los movimientos se dieron al margen del sistema de partidos y normalmente surgían y se desenvolvían en distintas áreas de la sociedad: se planteaban a través de reivindicaciones gremiales y demandas sociales. Algunos de estos movimientos llegaron a formular tímidamente planteamientos políticos. El Estado a través de diversas acciones de negociación y represión dosificadas, los controló y reencauzó, generando un pequeño margen de presos que se consideraron “políticos”. En ellos estuvo frecuentemente presente el Partido Comunista Mexicano (PCM), a través de sus dirigentes y activistas . El PCM, no formaba parte del sistema de partidos , aunque tuvo algunas participaciones electorales.
El SdP se consolida después del establecimiento de los “diputados de partido” que se incorporan a la Cámara respectiva en 1964 y dura alrededor de cinco décadas en la escena dominada por el PRI y el hiperpresidencialismo.
El PAN logra una votación de más de un millón de votos en 1964, pero según Pablo González Casanova, no consigue integrarse todavía como un partido significativo en “un sistema clásico de partidos”. Es decir, estaba todavía lejos de ser un partido competitivo. El PAN lleva en 1964 como candidato presidencial a José González Torres, conspicuo dirigente de la Acción Católica Mexicana (ACM) y alcanza más de un millón de votos (1,040,718, que representó el 11.04%) y veinte diputados, gracias a la institución de los “diputados de partido”. Esta institución había sido producto de la reforma política aprobada a finales de 1963 por el Congreso. La reforma fue preparada por Gustavo Díaz Ordaz, Secretario de Gobernación y buscaba incorporar a las oposiciones a las tareas del Estado a través del Congreso. El gobierno conquista a Christlieb y al PAN para que apoyen esta reforma y abandonen la estrategia abstencionista.
La reforma de 1963 es el primer gran impulso del partido blanquiazul en su camino al poder; a través de bancadas cada vez más amplias, logran una presencia nacional que no habían tenido antes, y recursos públicos que empiezan a ser significativos a través de las dietas de los diputados de las que la organización descuenta una buena porción (33%). El PAN tiene en ese período como dirigente a Adolfo Christlieb Ibarrola, considerado como un lider hábil para la negociación, estupendo parlamentario que guía a la primera bancada significativa del PAN, y polemiza verbalmente y por escrito en sus artículos de Excelsior, logrando una visibilidad política amplia.
Adolfo Christlieb experimentó una crisis severa con la salida de militantes muy activos y dirigentes fundamentalmente juveniles, que buscaban que el PAN se afiliara a la Unión Internacional Demócrata Cristiana (UIDC), a lo cual se oponen él mismo y don Manuel Gómez Morin, por considerar que era riesgoso hacerlo. Los dirigentes panistas consideraron que si se identificaban abiertamente como un partido que podía ser reputado como confesional e incurrían por ello en una violación a la ley, el PAN podría verse en problemas serios e incluso perder el registro.
Los acontecimientos que describen esa severa ruptura en el PAN son los siguientes: se había organizado dentro del Partido desde fines de de los años cincuenta del siglo XX, una corriente que quería transformarlo en una organización democristiana. El PAN asistía como observador a las reuniones de esa formación internacional de partidos y se beneficiaba de las becas que ella le ofrecía para la formación de sus dirigentes. Dos destacados dirigentes nacionales juveniles, que habían sido oradores oficiales en la candidatura de don Luis H. Álvarez a la presidencia de la República (1958), fueron Manuel Rodríguez Lapuente y Hugo Gutiérrez Vega ; además secundaron el movimiento dentro del PAN dirigentes como Horacio Guajardo, Enrique Tiessen, Pedro Lara, los hermanos Ramiro, José María, Jesús y Héctor Trevizo (de Chihuahua); los hermanos Ignacio, Carlos y Claudio Arreola Woog, Carlos Nuñez Hurtado y Fernando Michel (Jalisco) y dirigentes de diversas regiones del país. Los promotores democristianos del PAN lograron la presencia de un lider latinoamericano de gran prestigio, el venezolano Rafael Caldera, fundador (en 1946) del partido democristiano COPEI , que fue electo años después presidente de la República en su país. Este dirigente suramericano fue orador invitado en el Consejo Nacional del PAN en el que pidió al Partido incorporarse a la organización demócrata cristiana, lo cual fue rechazado por una gran mayoría de votos de los consejeros nacionales. Un buen número de miembros activos del PAN salieron entonces del partido para formar, con otros grupos sociales de obreros, campesinos, intelectuales y estudiantes, el Movimiento Social Demócrata Cristiano (MSDC), que nunca se organizó como partido político, ni participó en procesos electorales .
La salida de los democristianos del PAN, no representó el único elemento de la crisis en la que el Partido se vio envuelto. Se desarrollaron a su interior dos posiciones en relación con los acuerdos con los dirigentes políticos oficiales. Para Efraín González Morfín (EGM) y la corriente de doctrinarios ortodoxos que encabezó, las negociaciones de Christlieb con el gobierno del presidente Díaz Ordaz, que incluyeron el establecimiento de la figura de los diputados de partido, fue puesta bajo reserva. La corriente de doctrinarios que incluía algunos fundadores del PAN tenía como líderes a personas muy prestigiadas como Miguel Estrada Iturbide, Rafael Preciado Hernández o Manuel González Hinojosa. Esa corriente fue encabezada por EGM, y logró la aprobación por el Consejo Nacional de la Proyección de Principios de Doctrina” en 1965 y, cuatro años después, un documento doctrinario y programático que se tituló “El Cambio Democrático de Estructuras” en el que se denunciaban los fundamentos autoritarios del Estado mexicano y las reivindicaciones democráticas por las que el Partido debía luchar.
En el terreno económico el exitoso modelo mexicano que había logrado un crecimiento sostenido, empezó a mostrar deficiencias. Es Estado posrevolucionario había crecido enormemente y no podía sostenerse, con los reducidos ingresos que tenía (baja fiscalidad) e inició durante el período de Luis Echeverría (1970-1976) a hacer uso del crédito exterior. La deuda exterior contraída, no fue suficiente y el último año de ese gobierno sobrevino una devaluación. El presidente decidió expropiar tierras en el noroeste, para dotar ejidos y sostenerse como un presidente popular, tercermundista, que superaba la crisis del modelo llamado del “desarrollo estabilizador”, para plantear otro que el gobierno bautizar como de “desarrollo compartido” en el cual había que pronunciar la distribución del ingreso. El PAN había crecido un poco como partido, pero no tenía fuerza suficiente para intervenir en las grandes decisiones económicas.
Al final del período registran movimientos estudiantiles, que si bien pueden ser vistos como movimientos sociales, tienen una especificidad notable, que los conecta con el ámbito político con mayor acento, que los otros movimientos sociales. En especial hay que considerar los movimientos estudiantiles de 1966 y, sobre todo, el de 1968 con una serie de planteamientos significativos que tocaron fuertemente el ámbito político. Entre estos últimos están el de la liberación de los “presos políticos”, la derogación del delito de disolución social y la reivindicación de libertades políticas fundamentales como las de reunión, asociación, expresión y manifestación. El movimiento estudiantil popular de 1968, puso de manifiesto al mundo el carácter autoritario del régimen y su ferocidad represiva que llegó al extremo de realizar una masacre el 2 de octubre de ese año, que registró cientos de muertos y desaparecidos. El PAN estuvo escasamente presente en el movimiento de ´68, aunque varios de sus diputados federales lo reivindicaron en la tribuna de la Cámara.
La ruptura democristiana en los primeros años sesenta, mostró que el PAN no era un partido muy interesado en la “cuestión social”, como se refería entre los católicos de aquel tiempo a los problemas y conflictos de la sociedad . Ciertamente ese tipo de preocupaciones fueron manifestadas por el fundador jaliciense y primer candidato presidencial del PAN, don Efraín González Luna, aunque no secundada por la muchos dirigentes panistas. Las tesis socialcristianas eran promovidas fundamentalmente por los grupos católicos juveniles y universitarios organizados en la Unión Nacional de Estudiantes Católicos (UNEC) y los militantes de la Acción Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) . La crisis que se generó con la salida de los democristianos, fue vista por algunos como una operación de limpieza, que liberaba al PAN de comunistas embozados, o “peces rojos nadando en agua bendita”, como también los llamaron en la prensa de aquel tiempo. El PAN se ubicó desde ese momento como una organización que buscó incorporar empresarios como uno de elementos constitutivos mayores, que podían aportar experiencia dirigente y recursos económicos, para sumarlos a los profesionales de clase media con los que se conformó. No se planteó captar líderes obreros, campesinos, porque esto último se entendía propio de las organizaciones populistas o de izquierda, con lo cual el PAN quedó claramente identificado como un partido de derecha. El deslinde del PAN con los democristianos, también puede entenderse como parte de la negociación que el gobierno hizo con Christlieb y la dirigencia panista y probablemente con los empresarios norteños a los que se quería incorporar.
El gobierno de Gustavo Díaz Ordaz fue severamente criticado y retado por el movimiento estudiantil popular de 1968. El PAN critica la represión gubernamental y presiona para que el Estado mexicano se abra a una pluralidad política y acepte los triunfos de la oposición.
3.3 Caracterizo ahora una tercera etapa que va de 1969 a 1986.
En este el período el PAN registra un fortalecimiento como partido: alcanza un número mayor de puestos de elección popular y logra una implantación más amplia en el territorio nacional. No es todavía una fuerza nacional competitiva, pero empieza a verse cerca de esta condición en algunos municipios y en elgunos distritos electorales en los que alcanza mayoría relativa, además de los diputados de representación proporcional. Es el tiempo en el que se realiza la gran reforma política electoral (1977) que da al PAN un impulso mucho mayor que la de 1963.
Al mismo tiempo experimentó en ese período una de sus mayores rupturas: la renuncia de Efraín González Morfín (EGM) y el plantamiento del solidarismo fuera de PAN, como un movimiento doctrinario, crítico, que se identifica, acentúa y desarrolla los principios del PAN con una influencia notable de las posiciones socialcristianas que originalmente propuso su padre, don Efraín González Luna.
Esa es ruptura digna de referirse no sólo porque planetó la renuncia al PAN del EGM, sino porque con ella hizo una crítica al viraje que el partido había dado, colocando a los empresarios como los principales actores del partido. Este personaje fue había sido diputado federal (1967-1970), candidato presidencial en 1970 y electo presidente del PAN de 1975 , en una reñidísima contienda con José Angel Conchillo, lo que se consideró un triunfo de los doctrinarios. Este último era un gran promotor de la incorporación de los empresarios y su adopción como los dirigentes clave del Partido. Esa contienda por la jefatura nacional del PAN, introdujo en el PAN una gran controversia, que algunos caracterizaron como la lucha entre los doctrinarios y los pragmáticos, dispuestos a aliarse con la clase empresarial y a realizar pactos con el gobierno para alcanzar posiciones más amplias de poder.
EGM había sido candidato a la Presidencia de la República en 1970, tomando la responsabilidad que su padre había asumido en 1952. El PAN había crecido notablemente en las dos décadas que transcurrieron entre las candidaturas de Efraín padre e hijo. Este último compitió contra Luis Echeverría Álvarez y logró casi dos millones de votos (1,944,636, 14.02% de la votación) en una esforzada campaña nacional con pocos recursos, frente a Luis Echeverría Álvarez (LEA) que tuvo cerca de doce millones de votos (11,708 038, 84.42% de la votación). Esta derrota fue resentida intensamente por los panistas y en especial por la corriente abstencionista electoral. EGM se hizo cada vez más radicalmente abstencionista; la corriente abstencionista logró que en 1976 el PAN no lanzara candidato presidencial, poniendo al régimen político exhibiéndolo como antidemocrático. Los seguidores de José Ángel Conchello, lanzaron a Pablo Emilio Madero como candidato independiente, que no fue siquiera registrado, pero esto mostró un ángulo muy débil del PAN en relación con su posición abstencionista: si bien un grupo que contó con el apoyo de la mayoría en la Convención Nacional para no presentar candidato presidencial, huido otros que se dispusieron a participar en el proceso electoral, con el apoyo de los líderes participacionistas, encabezados por Conchello y Madero que contaron con diversos apoyos económicos para la campaña del último y con la buena voluntad del gobierno que se sentía incómodo con la situación de tener un candidato único a la Presidencia de la República. Esto planteó al nuevo gobierno de José López Portillo (1976-1982), la necesidad de ampliar la apertura, cancelar la represión y proclamar la amnistía y la necesidad de que los guerrilleros se incorporaran a la lucha política legal y pacífica.
Esto último hay que explicarlo a partir de la primera mitad de los años setenta, en que surgen movimientos armados en el campo (Partido de los pobres) y en las ciudades (Liga comunista 23 de septiembre), durante el gobierno de Echeverría, y la reforma política que se realiza y tiene efectos lugar en la segunda mitad de los setentas. El surgimiento de la guerrilla que era una opción política que planteaba la vía armada como única opción para derrocar al régimen autoritario, junto con el desarrollo de la corriente abstencionista del PAN, puso al gobierno de José López Portillo (1976-1982), en la disyuntiva de incrementar la “guerra sucia” que había emprendido el gobierno de Echeverría, o bien abrir el espacio político y convocar a los guerrilleros y a los abstencionistas del PAN a incorporarse a la lucha política por la vía legal y pacífica. Eso forzó la realización de la reforma de 1977 y a la aprobación de una ley de Amnistía para que los guerrilleros se acogieran a ella y se incorporaran a la lucha legal. Este propósito fue claramente planteado por Jesús Reyes Heroles, secretario de Gobernación en un discurso pronunciado en Chilpancingo en abril de 1977.
Si bien no es el fortalecimiento del PAN no es el único objetivo que persiguió el Estado al llevar a cabo la reforma política (1976-1977), sino lo es el abrir cauce legal de participación política a las fuerzas de izquierda que se habían lanzado al movimiento armado, si puede constatarse que el partido más beneficiado por los éxitos electorales que tiene con la reforma es Acción Nacional. La dirigencia del PAN apoyó claramente esa reforma, pero eso llevó a EGM a salir de las filas blanquiazules, planteando su renuncia ante el Consejo Nacional del que formaba parte, en febrero de 1978. Esa renuncia fue motivada por el propio Efraín, quien denunciaba que la reforma política tenía propósitos fundamentales de corromper al PAN y lograr la permanencia prolongada del régimen autoritario, dotando al Partido y a otras fuerzas políticas de “apariencias de poder”, por la manifiesta desproporción numérica de posiciones y no permitir que el PAN participara en las decisiones políticas fundamentales. La reforma es vista por EGM y los solidaristas, como “contraria al bien de México” (…) por reforzar la autocracia política, la injusticia y la corrupción del sistema de poder.” Yo entrevisté a EGM poco después de su renuncia al PAN, quien me dijo refiriéndose a la reforma de 1977:
“No hay verdadera voluntad de cambio, no hay apertura a la democratización y en esas condiciones no se debe insistir en la actividad electoral. Esta retroalimenta en forma progresiva la frustración de los miembros de un partido y de la ciudadanía.”
González Morfín y los solidaristas habían denunciado que un grupo de empresarios, encabezados por algunos del Grupo Monterrey, querían apoderarse del Partido y que Conchello les estaba abriendo la puerta. Conchello aceptó que había muchos prominentes miembros del PAN trabajaban en el Grupo Monterrey y que él mismo tenía simpatías por el “espíritu de trabajo” que fomentaba esa corporación empresarial. Conchello reportó que después de que EGM leyó el documento crítico con el que presentó su renuncia al Partido, la mayoría de lo











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