HOMENAJE A MIGUEL ÁNGEL, UIA
Lunes 9 de enero de 2012
Miguel Ángel era un mesurado y culto tejedor de palabras. En su telar prevaleció el equilibrio, iluminado por la información.
27 de octubre 13 horas
Aula Santa Teresa
El párrafo final del discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua[1], expresó un deseo: “Que la lengua que humanizó al hombre siga siendo fermento para la convivencia, misma que se profundiza y ensancha en la medida en que con palabras nos reconocemos y reconocemos a los otros, que no son ajenos ni distantes sino parte del nos-otros.”
Esa convocatoria a la solidaridad humana impulsada por el leguaje, fue una que nuestro homenajeado se hizo cotidianamente, durante medio siglo, y a la que concretó en la mayor parte de sus artículos.
Miguel Ángel era un mesurado y culto tejedor de palabras. En su telar prevaleció el equilibrio, iluminado por la información. Con sus palabras, escritas sobre papel periódico y habladas fundamentalmente por la radio, predominaba los criterios de justicia y equidad y no faltaban las expresiones estéticas, sobrias y de buen gusto, que adornaban con discreción y buen humor sus argumentos que daban en el blanco con donosura.
Miguel Ángel iluminaba con sus columnas el acontecer cotidiano. Tocaba los problemas sociales, económicos y políticos más relevantes, casi siempre a partir de casos concretos que conocía por sus informantes, que se acercaban a él con la confianza de que hablarían con un ser humano honrado, que no los traicionaría y que defendería sus puntos de vista con justicia. Mientras más humildes eran los defendidos, con mayor denuedo hacía llegar sus pruebas y argumentos.
Miguel Ángel criticaba a los personajes más conspicuos y relevaba a los más humildes. Consiguió muchas veces la atención de los poderosos y algunas los hizo rectificar sus decisiones.
Miguel Ángel, que en realidad debería ser arcángel por ser un espíritu superior, fue un constructor de medios informativos y un profesor que impulsaba el derecho a la información y ejercía a plenitud la libertad de expresión. No usaba de ese derecho con arrogancia y promoviendo el escándalo efectista y amarillista; lo hacía nutriendo sus columnas con información y criterios éticos claramente explicitados. Fundó o contribuyó a instituir medios impresos como Crucero, Excelsior, Proceso, Cine Mundial, unomásuno, La Jornada, El Financiero, Mira y escribió para decenas de periódicos de provincia. En los medios electrónicos tuvo una penetración menor que en los impresos, pero no dejó de llevar a ellos su palabra y su razón. El más destacado era la Plaza Pública en Radio Universidad, que se difundió de lunes a viernes por 17 años. Pero hay que recordar que fue jefe de información del Canal Once de Televisión y Director General de Radio Educación, que fue por un tiempo comentarista asiduo en Radio Mil y en Radio Red en el noticiero conducido por José Gutiérrez Vivó. En la última etapa de su vida participó en un diálogo radiofónico con un grupo destacado de periodistas: “Encuentros”.
Tocó la política más como analista y como árbitro electoral, que como actor en ella, con excepción de su candidatura al gobierno de su natal Hidalgo. Su arbitrio electoral, lo ejerció con sabiduría y prudencia en tanto miembro del Consejo General del IFE y también con la publicación constante de sus escritos sobre asuntos comiciales y su libro Votar ¿Para Qué? Manual de Elecciones[2]. Tengo la impresión derivada de muchas de nuestras conversaciones, que Miguel Ángel tenía interés en hacer política y no sólo analizarla como lo hizo magistralmente. Una referencia remota que da cuenta de esa inclinación es su participación como fundador del Partido Auténtico Universitario (PAU) en la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Hacer política como legislador fue tal vez su mayor deseo en ese terreno; varias veces tuvo la propuesta para serlo y las rechazó con dificultad, cuando percibió que no era compatible con su tarea esencial como informador que nunca quiso dejar a un lado. Algo de esta inquietud e inclinación a la política se puede encontrar en su crónica parlamentaria, publicada en Reforma y en varios libros que dedicó al tema[3]. Su crónica no sólo dio cuenta de los argumentos y tesis que los legisladores hacían en la tribuna, sino de los procedimientos, recursos, negociaciones y filibusterismo que se hacía en las Cámaras legislativas federales.
Miguel Ángel fue un desgustador intenso de las artes, fundamentalmente de la música que amaba con pasión, lo que podía constatarse en su asistencia por muchos años a la Sala Nezahualcóyotl de la UNAM, a los conciertos semanales. Amaba la literatura y era un lector voraz de novelas y cuentos, como lo era de textos jurídicos, políticos y de análisis social. Leía de vez en cuando poesía y frecuentaba el teatro y los conciertos de música popular. Cuenta que aprendió en la escuela de sus maestras “la fruición por la lectura, el paladeo por las palabras musitadas o dichas para que otras las oyeran y captaran su sentido, para lo cual era preciso el fraseo adecuado y el ritmo pertinente…” Su labor informativa siempre estuvo acompañada por su profundo interés en las artes, las humanidades y la historia. Esta última tomo su atención con densidad mayor, cuando cursó los estudios de doctorado en esa disciplina en esta Universidad Iberoamericana. Entiendo que su tesis de doctorado, sobre la vida y obra de Jesús Reyes Heroles, quedó inconclusa, porque tenía que cumplir primero sus deberes de periodista. Esta preocupación por las artes y la historia, fue premiada y reconocida de diversas maneras entre las que destacan: su ingreso a la Academia Mexicana de la Historia, su aceptación en la Academia Mexicana de la Lengua, el doctorado honoris causa otorgado por la Universidad Autónoma Metropolitana, tres premios nacionales de periodismo y uno póstumo otorgado hace unos días por la Escuela Carlos Septién García.
Miguel Ángel fue un ser humano cálido, amoroso con sus hijos y su pareja, generoso con sus hermanos y sus amigos, y fue deferente con sus adversarios. Algunos de ellos lo denostaron y agraviaron sin que hubiera hecho una respuesta equivalente en calificativos, aunque varias veces lo hizo con razones. Fue un argumentador más que un polemista. Fue un hombre optimista y positivo, sin dejar de ver y oler la podredumbre que pululaba en su entorno, como lo deja ver en su última columna en la que se despidió de nosotros, cuando dijo:
“Es deseable que el espíritu impulse a la música y otras artes y ciencias y otras formas de hacer que renazca la vida, permitan a nuestro país escapar de la pudrición que no es destino inexorable.”
[1] ) Pronunciado el 14 de mayo de 2009.
[2] ) Editorial Océano, México,1985
[3] ) Vivir en San Lázaro, cien días de una Legislatura, Océano, México, 1988; y Tiempo de ruptura, la fracción Elbiazul, Planeta, México, 2004.











© 2012 Desarrollado por Mexico.org W2CMSEngine 3.0