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Historia y Cultura en Yucatán

Un libro de ensayos sobre Yucatán, a continuación uno de ellos sobre La Universidad Nacional el Sureste.

FUNDACIÓN DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DEL SURESTE:

Vasconcelos y Carrillo Puerto

Podemos acceder al significado profundo que tuvo la fundación de la Universidad Nacional del Sureste (UNSE), si tenemos en cuenta las condiciones sociales y políticas en las que se gesta la institución, hace un poco más de ocho décadas. El propósito de esta plática, al menos como aspiración, es hacer conciencia sobre tales condiciones. No como mera remembranza aniversaria, sino como una realidad histórica que se proyecta hasta nuestros días y contribuye a hacer mejor el trazo y diseño de los objetivos institucionales en el siglo XXI que comienza.

La UNSE tiene un cierto soporte, en el sistema educativo construido en Yucatán durante el siglo XIX y principios del XX, particularmente de instituciones de educación superior, entre las que destacan el Instituto Literario y las Escuelas de Derecho, Medicina e Ingeniería, que se van a integrar en la nueva Universidad.

La UNSE parte de nuevos impulsos que vienen del movimiento revolucionario que se inicia en 1910. Su creación tiene fundamento en dos proyectos educativos: el que emerge del Ateneo de la Juventud, encabezado por José Vasconcelos, y el que surge de la acción socialista, dirigida en Yucatán por Felipe Carrillo Puerto. Los proyectos tienen una convergencia posible, porque ambos planteamientos combinados explican la formación de esa institución universitaria, antecedente de la Universidad Autónoma de Yucatán. Por tanto, es necesario conocer los elementos de las propuestas, en dos vertientes: lo que tienen de coincidencia y aquello en lo que son diferentes y aún contrapuestos. La primera de ellas justifican desde sus diversas perspectivas la viabilidad de la nueva Universidad; la segunda plantea el encuentro de fórmulas creativas que remonten y trasciendan las contradicciones que ambos proyectos podrían contener.

El proyecto educativo que surge a partir de los jóvenes que se organizan en el Ateneo de la Juventud en la Ciudad de México, tiene una inspiración fundamentalmente humanista de la Grecia clásica y el Renacimiento, con vocación de enseñanza popular. La tesis humanista y vitalista de estos jóvenes que emergen como dirigentes intelectuales de la Revolución, buscaban también superar el positivismo dominante en el porfiriato. Entre estos jóvenes se encontraban las figuras paradigmáticas de José Vasconcelos, Antonio Caso y Alfonso Reyes.
En el movimiento del Ateneo está la inspiración original de la impronta educativa nacional, que debe completarse, con la creación de la Secretaría de Educación Pública y en particular con su propuesta para impulsar la educación superior. Ya en el Ateneo se había gestado la idea de conformar la Universidad Popular Mexicana, que en términos de Alfonso Reyes se proponía ir a buscar al pueblo en sus talleres y en sus centros, para llevar a quienes no podían costearse estudios superiores ni tenían tiempo de concurrir a las escuelas.

En el pensamiento de Vasconcelos, la universidad mexicana debería promover el encuentro de una identidad nacional y el fortalecimiento de un país que crece y se desenvuelve, con apoyo en sus propios valores mestizos, creados con la integración de dos razas, y una actitud incluyente de la cultura universal, a partir de la plataforma hispanoamericana. En relación con el conocimiento que buscaban afanosamente los hombres del Ateneo de la Juventud, Vasconcelos exclama en el Ulises Criollo: "Nunca estimé el saber por el saber. Al contrario: saber como medio para mayor poderío y, en definitiva, para salvarse; moralidad como escala para la gloria, sin vacío estoicismo, tales mis normas encaminadas francamente a la conquista de la dicha. Ningún género de culto a lo que sólo es medio o intermedio, y si toda vehemencia dispuesta para la conquista de lo esencial y absoluto."

Vasconcelos el filósofo de la realización personal y de la estética, para dar cuenta sensible de su búsqueda del conocimiento del ser humano en su totalidad, usa metafóricamente una expresión botánica:

"Tomaba de la cultura únicamente lo que podía contribuir a la eclosión de mi personalidad. Yo mismo era brote inmergido en los elementos y ansioso de florecer. Usaría las raíces, el tallo, las hojas, y cuanto pudiese contribuir a la eclosión personal."
Alfonso Reyes por su parte, subrayaba la necesidad del mexicano de incorporar las creaciones y descubrimientos de la cultura universal en la doméstica, y la posibilidad enorme de los nacionales, para aportar a esa cultura planetaria y no insularse parroquialmente:
"La única manera de ser provechosamente nacional -nos dice el gran humanista regiomontano-, consiste en ser generosamente universal".

La propuesta socialista por su parte, tiene como inspiración propia a la escuela racionalista que desarrollan los anarquistas españoles, en la formulación de Francisco Ferrer Guardia. En Yucatán la sostiene el insigne profesor José de la Luz Mena. Este dirigente del magisterio yucateco, es líder principal de la Liga de Resistencia que lleva el nombre emblemático de aquél catalán, dentro del Partido Socialista del Sureste. La escuela racionalista se cifra en un planteamiento evolutivo por el que el ser humano asimila los conocimientos de la misma forma natural en que la humanidad los fue adquiriendo; propone los principios de la enseñanza activa, y un laicismo radical y anticlerical en las escuelas, en el que los alumnos participan en la adquisición de conocimientos científicos, y el encadenamiento de las ciencias, mediante prácticas en talleres, granjas agrícolas y en general, la observación de y colaboración con la naturaleza. El planteamiento anarquista, se hace a través de eliminar la autoridad en la escuela, dejando en las asambleas de estudiantes las resoluciones sobre la administración de las mismas.

El movimiento revolucionario triunfador encabezado a nivel nacional en una primera etapa por Venustiano Carranza, llevó al general Alvaro Obregón a la Presidencia de la República, tras el levantamiento de Agua Prieta y la muerte del Varón de Cuatro Ciénegas. El gobierno de Felipe Carrillo Puerto, fue electo a mediados de 1921, y estaba inscrito en las filas del obregonismo. La coincidencia política del grupo triunfador a nivel nacional y del grupo hegemónico a nivel regional, hace viable políticamente la integración de los dos proyectos educativos, que de otra manera hubieran podido pensarse como incompatibles.
La política se advierte en el proceso instituyente de la Universidad Nacional del Sureste, como el cemento que permite su edificación. El acuerdo político permite superar contradicciones, lo mismo que la diferencia política puede conducir a la separación de lo común y hasta al fratricidio.

El año de 1920 se presentan en la Universidad Nacional dos proyectos para la creación de la Secretaría de Educación Pública, uno elaborado por Ezequiel A. Chávez y otro de José Vasconcelos. El proyecto de Chávez con una exposición de motivos larga, llena de antecedentes y detalles que no eran relevantes para el planteamiento de soluciones educativas, si bien proponía una estructura organizativa para la SEP, que tenía elementos democráticos y cuidaba de establecer los enlaces burocráticos de la educación en todo el país. El proyecto de Vasconcelos presentaba en forma vibrante las ideas educativas que habían surgido en el México revolucionario, planteando también la federalización de la enseñanza, que era la tendencia dominante para el impulso vigoroso a la educación. Se entendía la federalización, no como el respeto a la esfera de autonomía de los estados en materia educativa como podría pensarse, sino a la definición de los programas, las estrategias pedagógicas y aún estructura organizativa del sistema educativo, para todo el país y a cargo del gobierno federal. La secretaría se organizaría en tres grandes departamentos: el Escolar, el de Bellas Artes y el de Bibliotecas y Archivos. El Escolar impartiría la instrucción y educaría; crearía las escuelas especiales para la educación de los indios, de las escuelas rurales de todo el país, de escuelas preparatorias anexas a las universidades federales, y de la creación y perfeccionamiento de por lo menos tres grandes universidades federales, además de la que existía en la Ciudad de México. Estas Universidades que se llamaban nacionales en el proyecto de Vasconcelos, se establecerían en Guadalajara, Monterrey y Mérida. El departamento de Bibliotecas y Archivos, con su centro en la capital de la República, extendería su influencia a todo el país, estableciendo bibliotecas federales con sistemas de préstamo de libros a domicilio, en cada población de 3,000 o más habitantes. El Departamento de Bellas Artes, estaría compuesto por la Academia Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arqueología, Historia y Etnología, el Conservatorio Nacional de Música y otros los organismos similares que podían crearse a lo largo y a lo ancho del país.

Una aportación de gran innovación que proponía el proyecto vasconceliano, eran los Consejos de Educación, previstos para funcionar a diversos niveles: local en asentamientos de más de 500 habitantes, estatal y nacional. Estos Consejos no pueden menos que recordarse cuando se establecen en la Ley General de Educación que se puso en vigor en 1993, en la que se crean los llamados Consejos de Participación Social
La Secretaría de Gobernación presentó el 20 de octubre de 1920 la iniciativa de ley para darle forma jurídica al proyecto de Vasconcelos a la Cámara de Diputados. El proyecto de ley de José Vasconcelos fue adoptado por el Consejo Universitario de la Universidad Nacional, en noviembre de 1920, lo que representó un impulso fundamental. Después se empezaron a recibir apoyos de otros organismos, ayuntamientos y dirigentes sociales y políticos. La prensa de la capital de la República, con alguna excepción, también manifestó su apoyo al proyecto de Vasconcelos. Las Comisiones Unidas de Puntos Constitucionales y de Instrucción Pública y Bellas Artes, dictaminaron favorablemente el martes 21 de diciembre de ese año. Hubo intentos parlamentarios para detener la ley, pero fueron superados. El dictamen fue aprobado por 142 diputados, con sólo 2 votos en contra. En la Cámara de Senadores no tuvo objeción, por el contrario, dos notables senadores, Jonás García y Alfonso Cravioto -este último constituyente de 1917-, hablaron a favor del proyecto. El dictamen del Senado fue aprobado por unanimidad de votos.

Vasconcelos inició desde marzo de 1921 una gira por los principales estados de la República para promover que sus legislaturas aprobaran el cambio constitucional (fracción XXVII del artículo 73). En su gira iban estableciendo bibliotecas populares en distintas poblaciones. Para junio de 1921 el Senado había recibido la aprobación de 16 legislaturas, que sancionaban la reforma constitucional referida, lo que constituía la mayoría requerida por el artículo 135 para que el Constituyente Permanente aprobara la reforma. La Secretaría fue fundada por decreto de 28 de septiembre de 1921, añadiéndose en dicho decreto fundacional, un Departamento más, de Educación y Cultura para la Raza Indígena. Vasconcelos no estuvo de acuerdo, porque en su concepción el blanco, el mestizo y el indio deberían acudir a la misma escuela y ella ser crisol de integración.

El año de 1921, se vuelve verdaderamente crucial, porque en él convergen la creación de la Secretaría de Educación Pública por José Vasconcelos, quien fuera inspirador y primer titular y la elección de Felipe Carrillo Puerto como primer gobernador socialista de Yucatán. A finales de ese año el Secretario de Educación hace una gira a las ciudades principales del sureste, y uno de los resultados de esa gira, es el acuerdo de fundación de la Universidad Nacional del Sureste. Acompañaron al Secretario y Rector de la Universidad Nacional, personajes como el Dr. Jaime Torres Bodet, Diego Rivera, Adolfo Best Maugart y el licenciado Joaquín Méndez Rivas, Director de la Biblioteca Nacional.

Durante su estancia en Mérida, Vasconcelos habló con el gobernador interino Manuel Berzunza, sobre la idea de la Universidad Nacional del Sureste. Como ya estaba electo Carrillo Puerto para ser Gobernador Constitucional de Yucatán, fue consultado sobre el proyecto carismático líder de los ojos verdes, y dio su aprobación entusiasta. Poco después, el doctor Eduardo Urzáiz, a la sazón Jefe del Departamento de Educación Pública del Estado de Yucatán, se trasladó a la Ciudad de México, con todos los elementos para establecer el convenio por el que se fundaría la Universidad Nacional del Sureste. Firmaron dicho convenio el gobernador Berzunza y el Secretario Vasconcelos el 25 de febrero de 1922. Y la XXVII Legislatura del Estado decretó la creación de esa institución unos días después, quedando instalada el 1° de marzo de 1922.

La ley expedida por la Legislatura yucateca, otorgaba a la UNSE todas las facultades para que se encargara de la enseñanza profesional, preparatoria y normal. La aportación federal al subsidio se tasó en once mil pesos mensuales del presupuesto de ese año de 1922. El doctor Eduardo Urzáiz fue nombrado el primer Rector, dejando la Jefatura del Departamento de Educación Pública estatal. El Consejo Universitario se integró, con el delegado de Educación del Gobierno federal, profesor José de la Luz Mena, el doctor Bernardino Enríquez, Director de la Facultad de Medicina; el licenciado José Castillo Torre, de Jurisprudencia; el Ing. Manuel Amábilis, de Ingeniería, el Dr. Conrado Menéndez Mena del Instituto Literario, que tomó el nombre de Escuela Preparatoria; la señorita Florinda Batista, Directora de la Escuela Normal Mixta; y los señores Filiberto Romero y Alfonso Cardone, directores de las Escuelas de Música y Bellas Artes, respectivamente, también formaron parte de ese órgano colegiado de la UNSE. El Consejo se completó con un representante estudiantil, que fue el señor Max Peniche Vallado, después abogado egresado de la naciente Universidad. Como Secretario de la Universidad fue nombrado el profesor David Vivas Romero.

Además de las facultades y escuelas mencionadas, se sumaron otras más tarde. La Escuela de Farmacia, al separarse de la de Medicina primero, y después la Escuela de Medicina Homeopática, a cuyo frente quedó el muy reconocido y culto médico don Rafael Colomé. También se crearon tiempo después, las escuelas de Arquitectura, Ingeniería Mecánica, Electricidad e Ingeniería Industrial .

Una de las transformaciones más notables de la época, fue la que se experimentó en la Facultad de Derecho, en la que se modificaron los planes de estudios, para dar a la carrera de abogado un sentido social acentuado. Esas reformas actualizadoras de los estudios jurídicos, merecieron los elogios del jurista y sociólogo argentino José Ingenieros, que visitó mantenía relaciones con el gobernador Carrillo Puerto.

La UNSE desarrolló una obra editorial de la mayor importancia en sus primeros años. Su revista oficial fue dirigida por don Serapio Baqueiro, formidable historiador y escritor de la Península. Para ejemplificar con algunas referencias, mencionaré selectivamente obras que se publicaron, como la del lider socialista argentino Alfredo L. Palacios , sobre derecho laboral, llamada Los problemas del Trabajo, o La Doctrina de lo Real; el trabajo filosófico de Próspero Pichard, las Tragedias de Sófocles; y se preparó una edición del libro de Stephens, Viaje a Yucatán, traducido por el doctor Justo Sierra O'Reily.

Recordamos en estos días del ochenta aniversario de la fundación de la UNSE, de la cual es digna heredera la Universidad Autónoma de Yucatán. Fiel a su origen la Universidad actual, sigue intensamente preocupada por los problemas más acuciantes de la región y porque ha sido por mucho tiempo, una institución que atendió estudiantes de las entidades vecinas, antes de que ellas desarrollaran sus propias universidades. Hoy realiza importantes tareas de investigación, docencia, posgrado y difusión de la cultura, con una calidad que ha venido mejorándose notablemente desde fines del siglo XX y se prepara para acometer las tareas del siglo XXI, con gran conciencia y responsabilidad.