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El
C. DIP: FRANCISCO JOSÉ PAOLI BOLIO:
Ciudadano presidente,
ciudadanas y ciudadanos diputados:
Venimos hoy a rendir un homenaje a nuestro gran
poeta muerto, el hombre que representó y representará
por mucho tiempo la inteligencia de nuestro ser mexicano, de nuestra
forma de ser específica, de nuestro interior, de nuestras
definiciones fundamentales; el hombre que usando la literatura,
la metáfora, la comparación de lo nuestro con lo
de los otros. El que buscó la otredad, el otro que somos,
para asimilarse mejor, para ser más en función de
la consideración de lo que el otro era, sentía y
pensaba; el hombre, Octavio Paz, que nos ha dejado y con el que
se fue una de las más lúcidas inteligencias y capacidades
de interpretación de la sociedad, de la cultura y del poder
en nuestro país.
También se fue con Octavio Paz el gran analista crítico
del régimen político mexicano. El que supo reconocer
sus aciertos poniendo en la balanza los elementos de estabilidad,
de paz, y los intentos de justicia social que impulsó,
pero señalando con toda claridad el autoritarismo, los
rasgos de imposición, la utilización del Estado
con una concepción patrimonialista. Octavio Paz hizo el
análisis de un régimen político que al paso
que nos abrazaba y hacía derramas, nos reducía en
nuestras posibilidades de ser como ciudadanos y como conjunto
de comunidades libres.
Fue un estudioso de todos los ángulos de nuestra cultura.
No hubo un solo reducto de nuestra vida cultural que no hubiera
analizado con brillantez, con osadía con capacidad estética:
la pintura mexicana, la música, la danza de México,
las artes y artesanías de nuestros pueblos prehispánicos,
los orígenes más remotos de la cultura mesoamericana
y de la influencia española. Allí están en
su obra la sonrisa totonaca, el rostro azteca de la muerte y los
observatorios mayas.
Estamos allí en su obra todos, los de todas las tendencias,
los de todas las visiones; los mexicanos de todas las perspectivas,
los de todos los partidos, allí podemos vernos en su obra
interpretados.
En Octavio Paz encontramos al gran analista de la cultura en su
sentido más profundo: el que alude a la forma propia de
ser, de vivir, de relacionarse, de producir, de trabajar, de divertirse
y de amar.
Y recordamos que decía en el inmenso poema "Piedra
de Sol":
"Amar es combatir,
si dos se besan
el mundo cambia, encarnan los deseos,
el pensamiento encarna, brotan alas
en las espaldas del esclavo, el mundo
es real y tangible, el vino es vino,
el agua es agua,
amar es combatir, es abrir puertas,
dejar de ser fantasma con un número
a perpetua cadena condenado,
por un amo sin rostro."
Nuestro poeta, extraordinario poeta hoy muerto, el que empezó
a desentrañar el alma mexicana en el Laberinto de la Soledad,
libro señero donde penetra en los recovecos profundos de
nuestra manera de ser. Allí tenemos después al Octavio
Paz que no sólo teoriza e interpreta, sino que actúa
críticamente y es capaz de renunciar a su posición
de Embajador de México en la India, cuando en 1968 el gobierno
comete una de las mayores masacres, y configúrase el mayor
de los dramas recientes de nuestro tiempo, en las inmediaciones
del surgimiento democrático.
Es Octavio Paz el que dice no!, a este régimen que es capaz
de manchar con la sangre de los jóvenes, el que critica
y se va dejando su puesto, pero además señalando
con una enorme claridad cual era el sentido de su abandono de
la vida diplomática y que presenta luego en la teoría
de la Gran Pirámide, expresada en su libro Postdata. Ese
retiro resultó en su momento una de las críticas
fundamentales al autoritarismo del régimen mexicano.
Hoy se va aquel que fue capaz de perfilar en una metáfora
feliz, la configuración del Estado mexicano posrevolucionario
como un Ogro Filantrópico. En ese ensayo magistral se captan
sus intenciones populistas, y se denuncian también sus
capacidades de control de la población y del uso patrimonialista
del poder.
Octavio Paz tenía dimensiones mayores porque en su horizonte
estaban presentes las distintas filosofías y conocía
a profundidad los fundamentos de las diversas religiones: conocía
el Islam, eso se advierte bien en sus Vislumbres de la India,
que le permitieron penetrar por la epidermis y alcanzar al corazón
del budismo; y conocía las religiones cristianas, protestante
y católica, que comparó constantemente en sus formas
de conducir la vida.
Paz estaba en medio de las distintas filosofías, incursionaba
en ellas, y eso le permitió, mediante comparaciones, arribar
a conclusiones fundamentales de defensa y respeto de la dignidad
de la persona humana, como lo dice con enorme nitidez en distintos
momentos de su amplia y penetrante obra.
Y desde luego, nos abandona el gran poeta, el que desde muy temprano
formuló una teoría original de la literatura, y
en particular de la poesía, en El arco y la Lira, y que
fue desarrollando, matizando y penetrando en los más diversos
aspectos al estudiar, degustando con afinada sensibilidad, los
versos de nuestros mayores bardos.
Nacido a la literatura entre Los Contemporáneos, pasa por
el surrealismo, y nos lleva por las distintas realidades y meandros
de la configuración de la sociedad mexicana; nos conduce
en su poesía por los mercados coloridos, nos hace ascender
a las pirámides, nos conduce hacia las habitaciones en
donde los amantes se reúnen y combaten para surgir, y nos
lleva, de diversas maneras, a la consideración más
profunda del alma mexicana.
Queremos destacar que esta penetración de Octavio Paz en
los distintos campos culturales, que este su análisis tan
variado, tan vasto de las distintas corrientes de la literatura,
y en particular de la poesía, del estudio de nuestros poetas
más destacados y representativos, empezando por esta gran
obra titulada Las Trampas de la Fe, referida a Sor Juana Inés
de la Cruz, y que entraña toda una interpretación
del México Colonial, de los fundamentos culturales de los
cuales abrevamos los mexicanos que hoy somos; y que luego pasa
por la magia poética original de López Velarde,
por las innovaciones de José Juan Tablada, por la literatura
cosmopolita de Los Contemporáneos, por Gorostiza y Villaurrutia,
para plasmar de la manera más octaviana su propia poesía.
Esa poesía que ha sido alimentada por todos los elementos
culturales que vienen de los rumbos fundamentales de México.
Y es que hoy que se va Octavio Paz, se nos muestra esta enorme
capacidad de decir lo nuestro, y nos deja en esta orfandad del
balbuceo; es hoy que estamos metidos en ese sentimiento profundo,
que rendimos un homenaje emocionado, a nuestro extraordinario
poeta, a nuestra inteligencia superior, a nuestra expresión
decantada, purificada y sublimada de lo que puede hacer un mexicano,
que no solo alcanzó a entender su cultura y la de su tiempo,
sino a obtener el reconocimiento en el Premio Nobel de Literatura.
Allí queda, más allá del homenaje, una obra
como la suya, larga, penetrante, inteligente, como una de las
más altas realizaciones de la expresión estética
de los mexicanos, en su materia fundamental que fue sin duda su
poesía, como él lo dijo en distintos momentos.
Muchas gracias.
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