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México, D.F. a 21 de abril de 1998.

El C. DIP: FRANCISCO JOSÉ PAOLI BOLIO:
Ciudadano presidente,
ciudadanas y ciudadanos diputados:


Venimos hoy a rendir un homenaje a nuestro gran poeta muerto, el hombre que representó y representará por mucho tiempo la inteligencia de nuestro ser mexicano, de nuestra forma de ser específica, de nuestro interior, de nuestras definiciones fundamentales; el hombre que usando la literatura, la metáfora, la comparación de lo nuestro con lo de los otros. El que buscó la otredad, el otro que somos, para asimilarse mejor, para ser más en función de la consideración de lo que el otro era, sentía y pensaba; el hombre, Octavio Paz, que nos ha dejado y con el que se fue una de las más lúcidas inteligencias y capacidades de interpretación de la sociedad, de la cultura y del poder en nuestro país.

También se fue con Octavio Paz el gran analista crítico del régimen político mexicano. El que supo reconocer sus aciertos poniendo en la balanza los elementos de estabilidad, de paz, y los intentos de justicia social que impulsó, pero señalando con toda claridad el autoritarismo, los rasgos de imposición, la utilización del Estado con una concepción patrimonialista. Octavio Paz hizo el análisis de un régimen político que al paso que nos abrazaba y hacía derramas, nos reducía en nuestras posibilidades de ser como ciudadanos y como conjunto de comunidades libres.

Fue un estudioso de todos los ángulos de nuestra cultura. No hubo un solo reducto de nuestra vida cultural que no hubiera analizado con brillantez, con osadía con capacidad estética: la pintura mexicana, la música, la danza de México, las artes y artesanías de nuestros pueblos prehispánicos, los orígenes más remotos de la cultura mesoamericana y de la influencia española. Allí están en su obra la sonrisa totonaca, el rostro azteca de la muerte y los observatorios mayas.

Estamos allí en su obra todos, los de todas las tendencias, los de todas las visiones; los mexicanos de todas las perspectivas, los de todos los partidos, allí podemos vernos en su obra interpretados.

En Octavio Paz encontramos al gran analista de la cultura en su sentido más profundo: el que alude a la forma propia de ser, de vivir, de relacionarse, de producir, de trabajar, de divertirse y de amar.
Y recordamos que decía en el inmenso poema "Piedra de Sol":



"Amar es combatir,
si dos se besan
el mundo cambia, encarnan los deseos,
el pensamiento encarna, brotan alas
en las espaldas del esclavo, el mundo
es real y tangible, el vino es vino,
el agua es agua,
amar es combatir, es abrir puertas,
dejar de ser fantasma con un número
a perpetua cadena condenado,
por un amo sin rostro."


Nuestro poeta, extraordinario poeta hoy muerto, el que empezó a desentrañar el alma mexicana en el Laberinto de la Soledad, libro señero donde penetra en los recovecos profundos de nuestra manera de ser. Allí tenemos después al Octavio Paz que no sólo teoriza e interpreta, sino que actúa críticamente y es capaz de renunciar a su posición de Embajador de México en la India, cuando en 1968 el gobierno comete una de las mayores masacres, y configúrase el mayor de los dramas recientes de nuestro tiempo, en las inmediaciones del surgimiento democrático.

Es Octavio Paz el que dice no!, a este régimen que es capaz de manchar con la sangre de los jóvenes, el que critica y se va dejando su puesto, pero además señalando con una enorme claridad cual era el sentido de su abandono de la vida diplomática y que presenta luego en la teoría de la Gran Pirámide, expresada en su libro Postdata. Ese retiro resultó en su momento una de las críticas fundamentales al autoritarismo del régimen mexicano.

Hoy se va aquel que fue capaz de perfilar en una metáfora feliz, la configuración del Estado mexicano posrevolucionario como un Ogro Filantrópico. En ese ensayo magistral se captan sus intenciones populistas, y se denuncian también sus capacidades de control de la población y del uso patrimonialista del poder.

Octavio Paz tenía dimensiones mayores porque en su horizonte estaban presentes las distintas filosofías y conocía a profundidad los fundamentos de las diversas religiones: conocía el Islam, eso se advierte bien en sus Vislumbres de la India, que le permitieron penetrar por la epidermis y alcanzar al corazón del budismo; y conocía las religiones cristianas, protestante y católica, que comparó constantemente en sus formas de conducir la vida.

Paz estaba en medio de las distintas filosofías, incursionaba en ellas, y eso le permitió, mediante comparaciones, arribar a conclusiones fundamentales de defensa y respeto de la dignidad de la persona humana, como lo dice con enorme nitidez en distintos momentos de su amplia y penetrante obra.

Y desde luego, nos abandona el gran poeta, el que desde muy temprano formuló una teoría original de la literatura, y en particular de la poesía, en El arco y la Lira, y que fue desarrollando, matizando y penetrando en los más diversos aspectos al estudiar, degustando con afinada sensibilidad, los versos de nuestros mayores bardos.

Nacido a la literatura entre Los Contemporáneos, pasa por el surrealismo, y nos lleva por las distintas realidades y meandros de la configuración de la sociedad mexicana; nos conduce en su poesía por los mercados coloridos, nos hace ascender a las pirámides, nos conduce hacia las habitaciones en donde los amantes se reúnen y combaten para surgir, y nos lleva, de diversas maneras, a la consideración más profunda del alma mexicana.

Queremos destacar que esta penetración de Octavio Paz en los distintos campos culturales, que este su análisis tan variado, tan vasto de las distintas corrientes de la literatura, y en particular de la poesía, del estudio de nuestros poetas más destacados y representativos, empezando por esta gran obra titulada Las Trampas de la Fe, referida a Sor Juana Inés de la Cruz, y que entraña toda una interpretación del México Colonial, de los fundamentos culturales de los cuales abrevamos los mexicanos que hoy somos; y que luego pasa por la magia poética original de López Velarde, por las innovaciones de José Juan Tablada, por la literatura cosmopolita de Los Contemporáneos, por Gorostiza y Villaurrutia, para plasmar de la manera más octaviana su propia poesía.


Esa poesía que ha sido alimentada por todos los elementos culturales que vienen de los rumbos fundamentales de México.

Y es que hoy que se va Octavio Paz, se nos muestra esta enorme capacidad de decir lo nuestro, y nos deja en esta orfandad del balbuceo; es hoy que estamos metidos en ese sentimiento profundo, que rendimos un homenaje emocionado, a nuestro extraordinario poeta, a nuestra inteligencia superior, a nuestra expresión decantada, purificada y sublimada de lo que puede hacer un mexicano, que no solo alcanzó a entender su cultura y la de su tiempo, sino a obtener el reconocimiento en el Premio Nobel de Literatura. Allí queda, más allá del homenaje, una obra como la suya, larga, penetrante, inteligente, como una de las más altas realizaciones de la expresión estética de los mexicanos, en su materia fundamental que fue sin duda su poesía, como él lo dijo en distintos momentos.


Muchas gracias.